Pa´ las que sea papá!

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Con el paso de los días, me veo en la situación de enfrentar con mayor frecuencia una apreciación: “¡Santo Dios! No puedo creer que esos muchachos sean hijos tuyos.” No es un secreto, que soy la cabeza de una familia disfuncional, de esas que cada vez son más comunes en el mundo contemporáneo.

Soy padre de unos adolescentes, que se destacan por sus particulares comportamientos; es habitual, ser citado en el colegio, recibir quejas de sus autoridades, observar sus respuestas incoherentes, incomodarse con sus malos hábitos y escuchar sus voces de protesta ante el mundo que les rodea, en general.

El sistema de vida, en el que hemos sido formados, nos presenta un modelo de familia ideal que al igual que muchas otras cosas, tanto materiales como espirituales, no es fácil de alcanzar. Esa esa la razón por la cual uno se asombra cuando las circunstancias no van por la línea que nos ha determinado, el medio en el que nos desenvolvemos.

Este, ha sido el motivo que me ha permitido ver, de manera habitual, el rechazo en diferentes áreas de nuestra sociedad. Debo confesar que a veces quisiera unos hijos “normales”, admirados, decentes, felicitados, responsables, impecables y bien hablados, entre otras cualidades; no obstante, los míos son un poquito diferentes a ese ideal.

También considero que ellos anhelarían un padre que los hiciera sentir orgullosos; laborioso, diligente, determinado e incluso, saludable. Aunque entre nosotros exista una notable brecha de comportamiento, soy plenamente consciente, de que puedo y debo, mejorar en mi rol.

Ahora; ¿cuál es la diferencia entre ellos y yo? Bueno, son varias, más de dos décadas de experiencia, lo cual incluye estudios, lecturas, viajes, triunfos, derrotas, relaciones interpersonales, momentos de clímax, tiempos de crisis y otro tipo de vivencias. En ese orden, estoy convencido de que cuando estos jovencitos lleguen a mi edad, estarán por encima, de mi nivel actual de vida.

Creo en Dios y creo además, que Él aún cree en mí. Tal como lo dice La Biblia: “El Señor mismo instruirá a todos tus hijos, y grande será su bienestar.” (Isaías 54:13)…“Por eso, prefiero sentirme orgulloso de mi debilidad, para que el poder de Cristo se muestre en mí.” (2 Corintios 12:9).


Germán “Chote” Garavito Comunicador Social y Periodista. ¡Sobreviviente de Cáncer Linfático! Escritor, Docente, Tallerista y Conferencista.

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